CAPÍTULO 28. Corazón de acero
CAPÍTULO 28. Corazón de acero
El despacho de Viggo Massari no es más luminoso ni más amable que su propia habitación, sino que tiene esa oscuridad intrínseca y minimalista de los hombres poderosos y enigmáticos.
El problema no es la habitación en sí, sino lo que hay en el centro de ella y eso es… una mujer.
Una mujer hermosa, pelirroja, llena de curvas explícitas que resaltan la lencería negra y la escases del resto de su ropa. Está acostada boca abajo sobre el escritorio y mis ojos no pueden e