CAPÍTULO 29. Lo único que me mantiene en pie
CAPÍTULO 29. Lo único que me mantiene en pie
Viggo me mira con esa intensidad suya, los ojos se clavan en mí como si pudiera obligarme a quedarme solo con la fuerza de su voluntad. Pero no puede. Nadie puede ya.
—¿Por qué? —Su voz es tensa, casi áspera—. ¿Por qué no quieres volver?
Suelto una risa sin ganas y niego con la cabeza. No quiero tener esta conversación, no quiero que esto se haga más grande porque realmente no es nada, no somos nada, no significamos nada... Pero él insiste.
—Si es po