El Aston Martin negro subió por el camino de grava exactamente veinticuatro horas después de haber partido.
Stephano y Valentina esperaban en el porche como padres preocupados. La ironía era casi insoportable.
Danna bajó del auto sintiendo el peso de dos miradas escrutadoras. Liam sacó las bolsas del maletero con movimientos relajados. Demasiado relajados.
—¿Qué hicieron?
Stephano no se molestó con los saludos.
—Veinticuatro horas. Muchas posibilidades.
—Hablamos.
La voz de Danna salió cansada.