La suite presidencial olía a dinero viejo y a pecado caro. Las paredes estaban forradas de seda color champagne. Los ventanales mostraban una vista panorámica de Madrid iluminado como un mar de estrellas caídas. La cama king size dominaba el espacio como un altar obsceno esperando un sacrificio.
Stephano cerró la puerta detrás de ellos. El clic suave sonó como una sentencia de muerte.
Se quitó la chaqueta con movimientos lentos y deliberados. La dejó sobre el respaldo de un sillón de terciopelo.