Mundo ficciónIniciar sesiónLas pantallas arrojaban luz azulada sobre el rostro de Igor mientras sus dedos volaban sobre el teclado. Eran las 2:47 AM en Auckland, pero el reloj no importaba cuando el mundo digital nunca dormía. Seis horas habían transcurrido desde que Angelo Moretti presionó "enviar" en ese email que ahora ardía como pólvora por cada rincón de internet.
El sótano de la casa en Remuera se había transformado en centro de operaciones. Cuatro mo







