Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj de la cocina marcaba las ocho y cuarto cuando Danna empujó la puerta principal. El peso de seis horas en esa oficina aséptica de Interpol había convertido sus huesos en plomo. Cada músculo protestaba mientras dejaba caer su bolso junto al perchero, los dedos entumecidos de mantener los puños cerrados bajo la mesa del interrogatorio.
Liam estaba en el sofá de la sala, cuerpo inclinado hacia adelante, codos sobre las rodillas. Levant&oac







