Amelia.
Literalmente el alma se me salía cuando llegué arriba, y me metí a la habitación principal sosteniendo la mano que me ardía.
Necesitaba acompasar mi respiración, pero cuando sentí que la puerta se estaba abriendo, corrí al baño tomando el botiquín y sacando todas las cosas.
—¡Qué coños! ¡Esto es una cena importante y estás desaparecida! —me pegué a la pared.
—No podía estar con esta mano sangrando…
—¿Qué es lo que te pasa? ¿Qué fue eso allá abajo? —traté de mantenerme, y abrí la bo