Amelia parpadeó soñolienta, e intento girarse. Le había parecido que golpearon la puerta, pero los sonidos se hicieron más insistentes y se ayudó con una mano a levantarse de la cama, observando que Maxi dormía plenamente.
Miró la hora del reloj. Eran las doce y media de la noche, y bostezó, pero se dio cuenta de que los golpes eran aquí en el departamento.
Apretó su bata, y cerró un poco la puerta de la habitación, encendió la luz de la sala, y caminó para mirar por el ojo.
Allí estaba Cintia