El pasillo del edificio resonaba con los pasos apresurados de Ares mientras bajaba hacia el estacionamiento. Su mente estaba en un torbellino, tratando de procesar la traición de Cintia y la desaparición de Amelia y Maxi, como si se le hubiesen escurrido de sus manos.
Eso sin contar con la impotencia, y la rabia que corría por sus venas.
Se dirigió directamente hacia su camioneta con el ceño fruncido y los puños apretados.
El viaje hacia la base militar se sintió eterno, con cada pensamiento da