Amelia.
—No me va a perdonar… —Emily se tomó del pelo y negó.
Al día siguiente de la noche con Ares, le había pedido a mi amiga que me acompañara a la empresa, y desde que me tomé las copas con Ares, ya habían pasado dos días.
Nuestras noches eran largas, apasionadas, e increíblemente, aunque ya nos habíamos consumido hasta el alma, yo sentía una fuerte necesidad de él cada día.
—¿Cuándo llega Edric?
—Dijo que el sábado por la tarde… y Ares lo confirmó, porque termina su trabajo en Washington.