Amelia.
—Señor William… —sentí que el cuerpo me temblaba, y quería involucrarme, pero era imposible.
La rodilla en constante movimiento de Edric, solo me decía que estaba esperando que esto acabara, para tener su momento de descarga. Mis manos se juntaban con nervios, y aún ni siquiera sabía qué podía decirle.
Eso, sumando a esta respuesta repentina de que se iba de viaje.
No pasó mucho cuando la reunión terminó y repartieron algunos cocteles. Y cuando nos pusimos de pie, yo solo miré a Ares,