Amelia.
Cuando nuestras lenguas se rozaron en una danza demoledora, y un líquido caliente comenzó a emerger dentro de mi vientre, supe que no había vuelta atrás.
La boca de Ares me sabía a gloria y desesperada pasaba mis manos en todo su cuerpo. Sabía que hoy no sería detallado, pero nos urgía, la necesidad había llegado al límite, y no podíamos esperar un minuto más.
La mano de Ares tomó mi mandíbula y apretó mi boca cuando profundizó el beso, mientras con su otra mano, separaba mi vestido co