El espejo era de los que no mienten.
Llevaba en ese corredor desde antes de que yo naciera. Marco de madera oscura, vidrio sin bisel, el tipo que no embellece ni suaviza. Muestra lo que hay.
Lo que había eran mis ojos.
Verde-miel. Iguales que siempre. Sin dorado. Sin rastro de lo que había visto hace veinte minutos, antes de que los tres hermanos salieran de la sala sellada con sus reacciones distintas y la puerta se cerrara y yo me quedara sola con el diario abierto sobre la mesa y la pregunta