Zuri llegó a la hacienda sin aviso a las once de la mañana del día dieciséis.
Perla la dejó entrar sin consultar — lo que dice algo sobre los protocolos de la hacienda respecto a visitas que probablemente debería revisar en algún momento, pero ese momento no era hoy.
La encontré en el patio central, mirando los jazmines con la expresión de alguien que no esperaba que la propiedad fuera lo que era.
—Es enorme —dijo cuando me vio.
—Sí.
—Y oscura.
—También.
—Me gusta. —Lo dijo con sinceridad, sin