Crisanto no se fue de inmediato.
Lo supe porque la lectura semivoral seguía registrando su posición en el perímetro — no adentro, no afuera: en el borde exacto, parado en el límite con el estado de alguien que tiene algo más y que todavía está evaluando si vale el costo de decirlo.
Esperé.
No porque tuviera tiempo de sobra. Sino porque en los meses anteriores había aprendido que algunas informaciones valen exactamente el tiempo que requieren, y que forzarlas produce versiones incompletas de sí