Llegó al claro solo.
Sin mercenarios, sin respaldo. Con la postura de quien en 220 años aprendió que la seguridad que depende de otros es la más frágil que existe.
El claro norte olía a tierra de ladera y a pino. El espacio abierto entre el límite norte del perímetro y el bosque exterior tenía unos veinte metros de diámetro — suficiente para que dos personas paradas en él se vieran sin obstáculo desde cualquier ángulo.
Lo supe antes de llegar al claro.
La lectura semivoral lo había localizado d