Luciano estaba en el archivo del ala oeste cuando fui a buscarlo.
No lo llamé primero. No organicé las frases mientras caminaba por el corredor. Tomé la decisión de ir y fui, que era la única manera en que tomaba las decisiones que importaban: sin tiempo de convencerme de que eran mala idea.
La puerta estaba entreabierta.
Entré.
El archivo del ala oeste era la habitación más ordenada de la hacienda.
Legajos en estantes de madera, organizados por fecha y por linaje. Un escritorio central sin una