El campo de supresión llevaba cinco días activo.
En ese tiempo había aprendido a leerlo desde adentro —no a ignorarlo, sino a usar su resistencia como información.
El vacío que los mercenarios generaban en el espectro emocional del aire tenía una textura particular: no el vacío natural de un espacio sin gente, sino el producido deliberadamente, con entrenamiento. Ambos son oscuros. Solo uno delata al que está afuera.
Los cuatro estábamos en posición desde las doce y cuarto.
El aire del perímetr