Entorné los ojos hacia ella.
—¿De verdad esperas que me arregle para él?
—Vas a hacerlo.
—No podemos hacer esperar al Don —murmuré con sarcasmo.
—No estará enojado cuando vea lo hermosa que luces. Cuando vea cuánto esfuerzo pusiste solo por él —dijo ella, con una voz cargada de urgencia—. Así que, cuando bajes y te disculpes por la demora, diciendo que solo intentabas presentarte adecuadamente, él lo entenderá. Respetará eso. Pero si bajas viéndote así... —me señaló con frustración—, lo tom