Capítulo 76
Mis ojos se abrieron de par en par.

—¿A qué te refieres? —pregunté con voz pequeña y temblorosa, mientras mis ojos parpadeaban rápidamente, una, dos y demasiadas veces.

Mi padre me miró, y no había más que tristeza en su expresión.

—Eres muy inteligente, Ariella —dijo en voz baja—. Creo que puedes verlo.

Pero yo no podía. No lo hacía. Y ahora, al escucharlo decirlo, mi mente empezó a trabajar a mil por hora. ¿Se me había escapado algo? ¿Había una pieza que no había visto, una verdad que no
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