Ariella
Leon se inclinó más, prácticamente trepándose sobre él.
—¿Qué es, papá? ¿Puedo verlo?
Asher finalmente pestañeó, como si estuviera volviendo de algún lugar muy lejano. Despacio, con cuidado, giró el objeto en su mano para que la tenue luz cayera sobre él.
Era pequeño. Una pequeña talla de madera. Tosca. Desigual en algunos puntos. Como si hubiera sido hecha por niños, o al menos comenzada de esa manera y nunca terminada del todo.
Leon frunció el ceño.
—¿Qué es eso?
Asher dejó esca