Ariella
Fruncí el ceño y su voz se suavizó.
—Son cosas de niños y Leon se olvidará de eso en unos días.
—Está bien, pero... —intenté decir.
Pero entonces me besó. Con fuerza. Y por un momento... yo también me permití olvidar. Le devolví el beso.
Me besaba como si se estuviera muriendo de hambre y yo fuera lo único que lo satisfacía, lo cual, para ser sincera, era una pequeña sorpresa y a la vez algo esperado. Me devoraba con la lengua, los dientes y el raspar de su barba contra mi barbilla.