Asher
—Ahora espera un segundo... —comencé.
Pero él levantó una mano, cortándome el paso. Deteniéndome a mitad de la frase. ¿Cómo se atrevía a interrumpirme?
Sin embargo, continuó con su diatriba como si nada hubiera pasado.
—Un nieto que me prometieron... la nieta que me prometieron... no existe —terminó.
Luego se reclinó hacia atrás y me miró con un desafío silencioso.
—Así que te pregunto, Asher Romano —dijo—, ¿por qué debería seguir respetando este contrato donde prometiste muchas cosa