Asher
Pero yo no podía caer en eso, tenía que jugar con inteligencia. Así que ignoré el comentario malintencionado y miré directamente a su hijo.
—Yuri —dije—, es un placer conocerte.
Él se tomó su tiempo para estudiarme antes de responder.
—El mío también. Debí haberte conocido antes, pero de todos modos me alegra conocerte finalmente.
Había algo en su voz. Algo en sus ojos. Supe entonces que yo no le agradaba. No me importaba de ninguna manera; podía hacer fila junto con todos los demás q