Ariella
Después de un momento, abrí los ojos y volví a mirarlo. En el instante en que me sostuvo la mirada, se obligó a esbozar una sonrisa.
—Todavía estás despierta —dijo—. Lo siento. No era mi intención… —se detuvo y exhaló—. No era mi intención despertarte.
—Está bien —respondí en voz baja—. No estaba dormida. Te estaba esperando.
Tomó una bocanada de aire profunda.
—No debiste hacerlo. Lamento que tomara más tiempo de lo que pensé.
—No tienes que disculparte —le dije—. Lo entiendo.
N