Tragué saliva, presintiendo ya hacia dónde iba esto.
—Sí.
—¿Entonces sabes dónde está tu dormitorio?
—Sí, es esta habitación. Lo sé, es mi dormitorio.
Sus ojos se oscurecieron.
—Entonces sabes que no debes dormir en el ala derecha. Y que las personas en el ala derecha no deben dormir en el ala izquierda. ¿Lo sabías?
Asentí, sintiendo el peso de sus palabras presionándome.
—Palabras —exigió él.
—Sí, lo sé —confirmé, apenas por encima de un susurro.
—Sabes que estás aquí para seguir las