Y yo no estuve allí. No estuve el maldito demonio allí. Me lo perdí todo.
No porque me hubiera marchado. No porque hubiera desaparecido. No porque no hubiera querido ser padre. Sino porque ella nunca me dio la opción.
Apreté la mandíbula, curvando los dedos en un puño debajo de la barra.
Ariella.
Recordé esa conversación que tuvimos. Aquella en la que le dije que no quería ver a "su hijo". El niño que tuvo mientras estuvo lejos, el niño que yo pensé que le pertenecía a alguien más. Yo había