Después de cenar, las cosas se calmaron en un silencio tranquilo. Era evidente que Rosie y Leon se estaban poniendo inquietos; ambos se retorcían en sus asientos y bostezaban. Rosie no dejaba de tirarle del tobillo a Alan hasta que él, finalmente, soltó una risita y dijo:
—Me habría encantado pasar unos minutos más conociéndote, Ariana, pero parece que esta noche me toca el turno del baño y la hora de dormir.
—Por supuesto, no hay problema. De todos modos vivo al lado —dije, restándole importa