Ariella
Asher se echó a reír.
Al principio pensé que estaba imaginando cosas. Pero no, realmente se estaba riendo. Una carcajada ruidosa, despreocupada, casi maniática, que resonó en la habitación como un disparo de advertencia. No tenía sentido. Nada de eso tenía sentido.
Miré a Alex. Él no se estaba riendo; lo fulminaba con la mirada. Tenía la mandíbula apretada y los músculos le daban pequeños espasmos mientras veía a Asher deshacerse en carcajadas como si aquello fuera un programa de come