Ariella
¿Qué carajos estaba pasando aquí?
No, en serio. ¿Qué demonios estaba pasando?
Me quedé congelada en esa maldita silla, viendo cómo se desarrollaba aquel juego de poder como si fuera una espectadora indefensa en una pesadilla de la que no podía despertar. Asher estaba furioso… no, más que furioso. Su furia se hacía evidente en la forma en que sus puños se cerraban a los costados, en cómo se le tensaba la mandíbula y en la oscura inmovilidad de su cuerpo, igual al de un depredador justo