Quédate a mi lado, por favor…
Quédate a mi lado, por favor…
Por: Francisca Acosta
Prólogo

New York

Día del aniversario.

—Señora Alejandra, todos los preparativos en el jardín sur están listos, pronto los invitados llegarán para la fiesta —Murmura en el umbral de la puerta, mi asistente Raquel.

Asiento agradecida por qué, sin ella y con la ayuda de los demás que trabajan en el servicio de esta casa, sería imposible lograr organizar la celebración del aniversario de nuestro matrimonio.

Hoy se cumplía un año de matrimonio, quería que fuera un evento especial para celebrarlo, había invitado a su familia, mi familia, amigos y socios de mi marido, para qué compartieran con nosotros este día.

Todo estaba en marcha para que fuera registrado el gran evento social del año, por las revistas de sociedades tanto nacionales como internacionales, una petición que no compartía, pero considerando la identidad de mi marido no podía negarme a la solicitud de mis suegros.

—Gracias, Raquel, por toda la ayuda, trasmite mi agradecimiento a todos los demás integrantes del servicio – Comento con una sonrisa.

—Desde luego señora  Bonnet —Luego Raquel se retiró dejándome sola, para que termine con mi maquillaje. Dirijo mi mirada al reflejo en el espejo que pierde su brillo de repente como mi sonrisa desaparece en mi mano sostengo mi teléfono en el cual hay un perturbarte mensaje.

Concentrada en mi rostro me invaden los recuerdos de mi primer encuentro con Jonathan, fue en París, donde conocí al hombre que se convirtió en mi marido. Fui de visita con mis padres a casa de sus amigos el verano antes de mi ingreso a la universidad. Apenas tenía diecinueve años, cuando caí cautivada por la versión del hombre más hermoso que había visto en mi vida.

Se trataba del hijo mayor de la familia Bonnet, no se podía decir que era un chico exactamente, sino ya un hombre en toda la extensión de la palabra, su hermoso cabello oscuro junto a un par de ojos azules, fue mi perdición. Como no tenía mucha experiencia con chicos. Jamás fui consiente que al enamorarme de ese hombre estaba cometiendo un gran error con el que debía cargar durante estos años de conocerlo.

Si alguien me hubiera advertido que mi sufrimiento tenía un nombre, quizás en lugar de caer rendida a sus pies buscaría una forma de escapar de su mirada.

Pero fui tan tonta que permanecí ahí en un noviazgo de dos años que solo existía en mi cabeza, pero eso no fue suficiente termine cansándome con Jonathan atrapada en un matrimonio vacío que me tiene en la desdicha.

Todo por enamorarme como una tonta de Jonathan Bonnet…

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