Richard Müller
—Desde cuando comenzaron a llegarte llamadas al teléfono —Ella me dirige una mirada inquieta — ¿Por qué no me habías dicho nada mi amor?
—No quería preocuparte suficiente tienes con estar prácticamente las veinticuatro horas del día pendiente de cualquier cosa a tú alrededor Richard —Detiene de repente sus palabras con un ligero suspiro —Lo siento no hice bien ocultándolo.
Arrastro a mi esposa entre mis brazos consolándola entiendo que esta pasando por su linda cabecita se siente