Elara se quedó sentada en el sofá de cuero, paralizada por la confesión de Duncan. Las últimas palabras, "La única forma de expiar mi culpa es aceptar su odio," resonaron con una finalidad brutal en la vasta biblioteca. El corazón de Elara latía con una mezcla de pánico y urgencia. Ya no se trataba de un chantaje sin fundamento; se basaba en una traición real.
—Duncan —dijo Elara, levantándose rápidamente para acercarse a la chimenea, donde él seguía dándole la espalda. Su voz era desesperada,