—¡Es hermoso!—digo un tanto maravillada, pero al mismo tiempo algo decepcionada porque en realidad esperaba el collar que el joyero real me mostró hace un par de días y le comente varias veces a mi madre, pero al parecer nadie entendió el claro mensaje que quise dar a entender.
—Era de tu abuela—menciona mi padre y al levantar la mirada hacia él, noto que parece estar más emocionado que yo—es una amatista, una joya muy difícil de encontrar en nuestro reino.
Su comentario genera interés en mí, p