Elara se despertó con la luz gris y fría de la mañana escocesa, filtrándose por las pesadas cortinas, un resplandor que prometía poco calor. Había dormido pocas horas, y el consuelo que le había dado el inconsciente abrazo de Duncan se había desvanecido al abrir los ojos, dejando solo el recuerdo amargo de la noche anterior.
Un ligero dolor en la sien era el recordatorio del peso de su secreto. Se movió con una lentitud inusual hacia el espejo y lo que vio no le agrado, así que dedico demasiad