El aroma a lavanda y a algodón limpio le dio la bienvenida a Elara. La pequeña boutique de ropa era un refugio cálido y acogedor, un mundo completamente diferente a la frialdad del clima escocés. Las perchas estaban llenas de suéteres de lana, abrigos elegantes y pantalones de tweed. En las paredes había cuadros de paisajes escoceses que se perdían en la distancia y en el centro de la tienda un sillón de terciopelo verde que invitaba a descansar.
Grace entró con una sonrisa que iluminó el lugar