El silencio en el probador se volvió insoportable. Elara sentía el latido de su corazón en los oídos, una alarma ensordecedora, Keith, al ver su terror, soltó su brazo, pero la barrera invisible que había creado seguía allí. Ella sabía que no podía correr.
—Borra la foto—suplicó Elara, con la voz apenas un susurro. La desesperación la había convertido en una mujer más valiente de lo que creía.
Keith la miró con una ceja arqueada, una sonrisa irónica en sus labios.
—¿Foto? No sé de qué hablas.