Sebastián me separó apenas, solo lo suficiente para mirarme a los ojos.
—Escúchame —dijo—. Lo vamos a resolver. Pero necesito que me digas qué pasó exactamente hoy.
Cerré los ojos un instante, intentando encontrar una versión de los hechos que no sonara como una pesadilla.
—Alguien estuvo afuera de mi puerta. No sé quién. Pero lo sentí. Lo escuché. Y cuando abrí… —tragué saliva— no había nadie. Pero había… algo. Un olor. Uno que no debería recordar.
Sebastián apretó la mandíbula.
—¿El mismo per