La ciudad respiraba indiferente.
Pero nosotros no.
Clara caminaba por la acera, observando cada reflejo en los escaparates, cada sombra que se movía demasiado rápido. Su mente no descansaba; no podía. Desde la fotografía, desde el mensaje que decía “LOS VEMOS”, todo había cambiado.
Cada paso era calculado, pero cada pensamiento era un caos.
El café que había tomado horas antes seguía allí, frío, como un recordatorio de la normalidad que no existía. Sus manos jugaban con el bolso, apretándolo co