La lluvia torrencial empapaba a Isabella, cada gota fría era como un recordatorio cruel de la tristeza que anidaba en su corazón. Se sentó en la orilla de la playa, aun se negaba a irse de ese lugar, a pesar de que la noche pronto caería sobre ella. Su vestido se pegaba a su piel debido al agua salada, y sin saber cuánto tiempo había pasado allí, sintió que sus lágrimas y la lluvia se mezclaban, convirtiendo su dolor en una melancólica sinfonía.
En ese instante, su mirada se centró en sus manos