La noche después del invernadero fue un tejido de pequeños cuidados y grandes mentiras. Bella se levantó a horas intempestivas, revisando pasillos y puertas con una urgencia que le parecía nueva en el cuerpo. Había movido el retrato de la chimenea dos veces esa mañana, como si el óleo pudiera ocultar la verdad con su presencia solemne; no sirvió. El retrato seguía imparcial, y la casa, al contrario, vibraba con cambios que no habían sido ordenados por ella.
Los guardias patrullaban con una disc