Isabella parpadeó, y solo entonces sintió una sola lágrima resbalar por su mejilla, como un hilo de cristal que se desliza en silencio. Sin pensarlo, levantó la mano y la limpió con el dorso, como si quisiera borrar esa evidencia de su dolor. Pero no pudo evitar sentir en su alma el peso de esa lágrima, de ese momento de vulnerabilidad, de esa caída en un abismo de desesperación.
¿Cómo se había equivocado tanto en la vida? La pregunta resonaba en su mente como un eco insoportable, una condena q