—¿Y Bella? —preguntó ella, con una voz temblorosa, pero desafiante— Ella es tu esposa ahora.
Las demás palabras, las amenazas, los insultos, llegaron en un torrente, en un ejército de palabras cruzadas que solo buscaban lastimar. Carlos no tardó en responder, con una sonrisa llena de desprecio.
—Bella es sexy. Y su familia tiene mucho poder —Carlos reflexiono— Pero eso no importa. Siempre serás mía, Isabella. Aunque estemos divorciados.
—Mataste a tu propia hija… —Isabella entrecerró los ojos e