Después de la muerte de Eva, el mundo no se detuvo.
Al menos no para mí.
Eso fue lo primero que me desconcertó. Yo esperaba un silencio más largo, un respeto prolongado, una especie de pausa universal. Algo que justificara la gravedad de lo ocurrido. Pero no. La gente siguió viviendo con una rapidez ofensiva. Los días avanzaban con normalidad, las llamadas se espaciaran, las visitas dejaron de llegar.
El duelo tiene fecha de caducidad cuando no te pertenece.
Al principio todos querían saber cóm