—¿Medina? —entona Noe sorprendida por verlo en su casa y enfadado.
—Contesta —exige mirándola a los ojos.
Noe se estaba enfadando también y Gaby ni siquiera había reparado que no estaban solos en ese departamento. Los ojos nublados por la furia de Gaby estaban clavados en los ojos celestes de Noe. No existía nada más.
La tensión en ese departamento se podía cortar con un cuchillo oxidado. Los ojos del morocho destilaban una rabia que le hacía muy difícil controlar. Gaby se había despertado sie