Horas habían pasado antes de que la pequeña Zaira se durmiera. Gaby jugó con ella y la entretuvo haciéndola reír, tanto a la niña como a Noe. Él se llevaba bien con los chicos, demasiado bien. Ahora Noe entendía por qué la hija de Lina amaba tanto a ese chico que le hacía muescas raras a su sobrina.
Gaby hizo un buen trabajo ocupándose de la niña y cuando al fin se durmió, él pudo respirar y girar su mirada hasta un costado del sofá en donde estaba sentado, para mirar a Noe acurrucada. Ella es