—¡¿Qué?! —grita Donovan al teléfono—. ¿Cómo que la perdieron? Está en coma, pedazos de inútiles. ¡Cómo es posible que perdieran a una mujer dormida! —grita a todo pulmón perdiendo los estribos. —Había policías por todo el hospital, señor —habla el hombre del otro lado de la línea—. No pudimos llegar a ella a tiempo y aparentemente alguien la sacó del establecimiento —trata de explicar. —No saben hacer una mierda —gruñe y corta la llamada. — ¿Qué pasó? —Pregunta Quintana. —Ya escuchaste, no haga