Willow
La atracción era innegable. No eran solo ellos; yo también la sentía. Un calor latente, un dolor que había perdurado durante años, ahora amplificado en la pequeña habitación del hospital. Los trillizos intentaban ocultarlo, enmascarando su desesperación bajo capas de estoicismo, pero yo veía la verdad. Sus lobos luchaban por el control, y yo podía sentir su lucha como si fuera mía.
No era solo el vínculo, era lo que habían hecho. Habían salvado a mis hijos sin siquiera saber que existí