Asher
Cuando recuperé la conciencia, sentí que algo no iba bien en el mundo. Era ese tipo de sensación que te invade las entrañas, pero que tu mente, demasiado confusa, no es capaz de procesar al principio. Me dolía el cuerpo, un dolor profundo y sordo que se irradiaba desde el cuello y las extremidades. Intenté moverme, pero las ataduras que me sujetaban eran firmes, implacables. Apenas podía mover las muñecas, y mucho menos las piernas. Mi entorno me resultaba desconocido, frío, metálico y zu