Asher
Les había dicho a los chicos que dejaran a Willow en paz con lo de los niños. Pero, a decir verdad, su historia no me convencía. No del todo. Quizá debería haberlo dejado pasar, pero no podía quitarme de la cabeza esa inquietante sospecha. ¿El niño? Se parecía exactamente a nosotros. Los dos se parecían a Axel, a Willow, a Aiden y a mí, con los mismos rasgos marcados, la misma chispa rebelde en los ojos. ¿Y la niña? Tenía los ojos de nuestra madre, ese verde inquietante y esas motas dorad